¿Qué pasó en la Conferencia del Partido Laborista?

Emma Burnell – periodista, dramaturga y consultora política

[please click here to read the article in English]

Traducción: Constanza Martinez Buendia

      Este año, la conferencia del partido laborista se movió dentro de un ambiente enrarecido por los conflictos que la precedieron. Qué tanto usted la disfrutó o no, depende mucho de la posición que usted asume dentro del partido.

      Entre los miembros del partido que atendieron a la conferencia, se notó que hay aún muchos fieles seguidores del líder anterior del partido, Jeremy Corbyn MP. El, como miembro del partido, también atendió a la conferencia. Corbyn, actualmente, no es un diputado laborista porque ese derecho le fue quitado ante su negativa a aceptar la investigación de la Comisión de Igualdad y Derechos Humanos, sobre antisemitismo en el Partido Laborista mientras era su líder.

      Los ‘corbynistas’ presentes en la conferencia se enfurecieron cuando solo un par de días antes de comenzar el evento, el líder actual del partido, Keir Starmer, anunció una serie de nuevas medidas que echarían para atrás muchos de los cambios internos que Corbyn había implementado dentro del partido, particularmente los relacionados con la forma en que se selecciona al líder y a cómo se puede deseleccionar a los diputados.

      Los partidarios de Corbyn argumentaron en voz alta y afirmaron que tenían los votos para rechazar las propuestas de Starmer, y que podrían de esa manera, detener el nombramiento del secretario general elegido por el líder, David Evans. La realidad mostró otra cosa. Todas las medidas de Starmer pasaron cómodamente.

      Si bien la pasada de sus propuestas le hicieron ganar a Starmer más apoyo entre los miembros del laborismo, eso no detuvo las críticas que vinieron sobre su estilo de liderazgo, ni las dudas entre algunos de sus aliados más cercanos, sobre su capacidad para cambiar la terrible situación del Partido Laborista o para posicionar mejor al partido para las próximas elecciones generales.

      También hubo reprobaciones generalizadas ante el hecho de que la Conferencia hubiera priorizado trabajar en las reglas internas del partido mientras el gobierno conservador enfrentaba problemas en muchos frentes. Fueron estos la escasez de conductores de camiones que significó estantes vacíos en los supermercados y largas colas en las estaciones de servicio, la aguda crisis de empleo en importantes sectores de la economía, y la situación enfrentada por los más pobres de la sociedad ante el aumento de impuestos y al recorte de 20 libras por semana. durante la pandemia de Covid. ¿No debería el laborismo haber priorizado sus acciones de manera diferente? ¿no debería enfocarse a atacar a los conservadores y a pensar en ofrecer una alternativa creíble de partido?

      El argumento alternativo de los partidarios de Starmer se centraba en una miraba hacia el futuro para hacer del Partido Laborista un partido de gobierno creíble, después de que sus propuestas de izquierda fueran rechazadas con tanta fuerza en las elecciones generales de 2019. Eso significaba tomar ahora medidas decisivas para enfrentar el antisemitismo y demostrar que se estaban estableciendo salvaguardias contra el extremismo percibido de la extrema izquierda. Estas medidas también darían a los parlamentarios la confianza para apoyar un enfoque de izquierda moderada sin preocuparse de que los activistas más extremistas intentaran de-seleccionarlos.

      Si la primera mitad de la conferencia laborista fue sobre cambios en las reglas internas, la segunda fue sobre dos discursos, los de la canciller en la sombra, Rachel Reeves, y el del del propio Starmer.

      El discurso de Reeves fue muy bien recibido por una gran mayoría. La promesa de gastar 28.000 millones de libras esterlinas en la adaptación y mitigación del cambio climático cada año durante diez años (un total de 280.000 millones de libras esterlinas) fue radical y creíble y será muy necesaria. Aunque no todos los miembros del partido se sienten satisfechos con Reeves como Canciller en la sombra, su intervención fue aplaudida y elogiada masivamente.

      El discurso de Keir Starmer trajo críticas, y fue abucheado en algunos momentos, pero el líder estuvo bajo control. A mi modo de ver, Starmer estuvo más relajado y cómodo que en otras ocasiones. La forma como contó su propia historia de hombre sin privilegios, de raíces humildes y comunes, y la forma como se refirió a su experiencia como director de Enjuiciamientos Públicos, le hicieron ganar puntos. Entre la audiencia se encontraban presentes los padres de unos niños asesinados, un caso procesal que el mismo Starmer supervisó cuando trabajaba en la fiscalía.

      Keir Starmer mezcló humor y dureza al referirse a quienes buscaban interrumpirlo mientras hablaba. Los reprobó con sus palabras de “Cantando consignas o cambiando vidas’ para contrastar esa actitud de los gritos asumida por ellos, con la de quienes se desempeñaban en la difícil labor de gobierno. Dijo, también, que los asistentes a la conferencia estaban de lado del líder, y no de quienes gritaban.

      La conferencia del partido laborista fue agitada, y dio espacio a discusiones que para gente por fuera del partido pudieran ser vistas como irrelevantes. Fue una reunión de la familia laborista, la de unos amigos que por dos años no habían podido verse. Eso de por si le dio al evento una nota esperanzadora y alegre. El laborismo tiene aún mucho trabajo pendiente para poder demostrar que está apto para gobernar. Pero este parece ser un comienzo.

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What happened at the Labour Party Conference?

Emma Burnell – journalist, playwright and political consultant

      This year’s Labour Party conference was an odd affair. How much you enjoyed it or otherwise very much depended on where you stand in relation to the Party itself.

      Among the party members attending were many whose loyalty remains with previous leader Jeremy Corbyn MP. He remains a party member (and was thus entitled to attend conference) but is not currently a Labour MP having had the whip withdrawn because of his refusal to accept the Equality and Human Rights Commission’s investigation into antisemitism in the Labour Party while he was leader.

      These ‘Corbynistas’ were further enraged when only a couple of days before the conference started the current leader, Keir Starmer, announced a series of new measures that would undo many of the internal changes Corbyn had made, particularly around the way the leader is selected and how MPs might be deselected.

      While the Corbyn supporters argued loudly and claimed had the votes to defeat the proposals -and to stop the appointment of Starmer’s chosen General Secretary, David Evans – it turned out this was just a façade. All the measures passed reasonably comfortably.

      While this added to the support Starmer enjoys with most Labour MPs there were still mutterings about his leadership style. Even some of his closest allies were wondering if he has what it takes to turn the dire fortunes of the Labour Party around enough to even be competitive – never mind to win – in the next general election.

      There was also criticism in all parts of the party that these internal rule changes had been given precedence at Conference while the Conservative government faced problems on all fronts. A shortage of lorry drivers meant empty shelves in supermarkets and long queues at petrol stations, there was an acute employment crisis in other sectors of the economy, and the poorest in society were facing both a tax rise and a cut of £20 a week introduced during the Covid pandemic. Shouldn’t Labour have been more outward looking; attacking the Tories and offering a credible alternative?

      The alternative argument from Starmer supporters was that this conference was looking to the future to make the Labour Party a credible party of government after its left-wing proposals had been rejected so forcefully in the 2019 general election.  That meant taking decisive action now to confront antisemitism and show that safeguards against the perceived extremism of the far left were being put in place. These measures would also give MPs the confidence to support a moderate left-wing approach without worrying that more extreme activists would try to deselect them.

      If the first half of the Labour conference was about internal rule changes, the second was about two speeches, those of Shadow Chancellor Rachel Reeves and the Leader’s speech by Starmer himself.

      Reeves’ speech was incredibly well received across most parts of the Labour Party. The promise of £28bn to spend on climate change adaption and mitigation every year for ten years (a total of £280bn) was both radical and credible and will be sorely needed. It set the fringe alight and was praised from left and right. There are those who will never be comfortable with Reeves as Shadow Chancellor, but with this proposal she won support even within that group.  

      Keir Starmer’s speech had more mixed reviews, not least in the hall where there was an unprecedented amount of heckling. However, he was more relaxed and comfortable than I have ever seen him. He drew authority both in the way he delivered his own story, emphasising his humble, ordinary roots and his record as the Director of Public Prosecutions. In the audience were the parents of murdered children whose killers had been prosecuted under Sir Keir’s watch.

      He also dealt with the hecklers in a way that showed humour and steel. He used them almost as a prop to contrast the unrealistic posing of those shouting with the hard work of real government in the snappy retort “Chanting slogans or changing lives.” It also demonstrated to the left that the vast majority of conference were on the side of the leader, not the shouters.

      This was a sometimes-fractious conference with fights over issues that will mean little to anyone outside the Labour Party. But it was also a coming together of the Labour family. Friends who have been unable to see each other for two years were reunited and that in itself leant the affair a hopeful and happier vibe it may not have earned had that not been the case. Labour still has a lot of work to do to prove itself fit for government (even as the Tories are proving how vastly unfit they are), but this conference at least felt like a start.

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